Javier Jara Bao

Hoy en día nos encontramos en una era donde cada quien dice tener la verdad, donde la verdad depende de cada uno y no es una verdad absoluta. Muchos defienden su verdad como si fuese la única y verdadera por que ellos lo piensan así. Pero sus verdades se diluyen en argumentos poco sólidos o argumentos dignos de ser objetados. Así también se diluyen por que su verdad no cambia su corazón. A pesar de eso viven su mensaje profundamente.

Quizás lo que podríamos destacar es que ellos piensan que su mensaje o su verdad es tan fundamental que lo transmiten demostrando esa importancia.

Para nosotros, los hijos de Dios, esta manera de presentar y defender la fe, debiese ser nuestro sello de proclamación del evangelio, teniendo como base nuestro testimonio personal que respalda lo que nosotros hablamos.

Vemos un ejemplo de esto en el Antiguo Testamento, donde encontramos una historia en el Libro de Éxodo (Éxodo 34) donde Dios renueva su pacto con su pueblo, Israel, por medio de Moisés. 

Las primeras tablas de la Ley ya habían sido destruidas por Moisés al ver el becerro de oro. Dios ordena a Moisés labrar dos piedras como las primeras. Moisés se presente ante Dios, en el monte, para recibir las Palabras de Jehová. A diferencia de la vez anterior Moisés en esta ocasión tiene una transformación superficial en su rostro por estar en la presencia de Dios y recibir su revelación (su palabra). 

Moisés desciende del monte a entregar el mensaje de Dios y después de entregar el mensaje a los sacerdotes, a los principales e incluso al mismo pueblo, cubrió su rostro. Cada vez que se presentaba delante de Dios, descubría su rostro hasta entregar el mensaje donde nuevamente se cubría el rostro. El propósito, en términos generales, de esto era que no fijasen su vista en él, sino que la fijasen en Dios por medio de lo que el mismo Dios había hablado.

Muchos años más tarde, en Corinto, Pablo toma este relato y ejemplifica por medio de él, cuáles son sus argumentos de defensa, ya que en la Iglesia se habían levantado hombres y pensamientos que ponían en duda su apostolado y su autoridad como tal (2 Co 3.1). Por medio de este ejemplo además Pablo nos muestra lo importante que es la santificación como medio validador del mensaje del evangelio.

Por medio de 2 Co 3.12-18 ,Pablo muestra estas dos razones que Pablo esgrime de defensa de su apostolado, tomando (como mencionamos anteriormente) el ejemplo de Moises como actor principal del Antiguo Pacto y a Cristo como la consumación del Nuevo Pacto que actua hoy en la Iglesia.

Pablo contrasta:

  1. La Gloria velada del Antiguo Pacto
  2. La Gloria manifestada del Nuevo Pacto

Espero que al comprender este contraste, veamos cómo somos transformados internamente en Santidad y el valor que este tiene como testimonio público de nuestra fe. Y como este testimonio de Fe muestra que nuestro mensaje tiene la gloria que Pablo muestra en su argumento.

Pablo tenía la seguridad del mensaje que estaba entregado. Guardaba una esperanza (v.12) profunda en el ministerio de justificación llevado a cabo por el Espíritu Santo. 

El comprendía la gloria que tuvo la ley como herramienta de Dios para mostrarnos nuestro estado pecaminoso (Galatas 3.24), nuestro estado de muerte espiritual (Efesios 2.1). 

Pero la gloria que hoy vemos es mucho mayor, reflejada en el nuevo pacto por medio del espíritu Santo (2 Co 3.8-9). 

Con la esperanza de que esta gloria manifestada no solo en su vida si no que también en la vida de los corintios (2 Co 3:2-3) en los cuales obro el nuevo pacto que por medio del espíritu Santo siendo vivificados para la gloria de Dios (2 Co 3:6) Pablo es que les dice a los corintios (v.12) que usa franqueza, que en el griego (parresia) significa “audacia” o “hablar con denuedo” (Valor, decisión, o energía), para mostrar a ellos el sello de su apostolado. Su esperanza está fundada en la presencia y el poder del Espíritu Santo (v. 8) y el ministerio de la justicia (v. 9)

Pablo cita Éxodo 34 para mostrar a los Creyentes de Corintios que esa audacia tenía un razón “bíblica”. Moisés luego de enseñar al Pueblo lo que Dios le había mandado a escribir, él cubría su rostro. Evidentemente el velo de Moisés fue puesto porque ellos no eran capaces de “poner los ojos” en él, debido a la gloria y santidad que manifestaba. En v. 13, Pablo pasa del hecho literal a la verdad simbolizada, la ceguedad de los judíos y los judaizantes al fin ultimo de la ley, diciendo que Moisés se puso el velo para que ellos no pudiesen mirar fijamente a (Cristo, Romanos 10:4) el fin de aquello (la ley) que (como la gloria de Moisés) es abolido.

La palabra abolido (katargeo) significa en el griego que es puesto inactivo o desactivado. Esto es lo que Jesucristo hizo, cumplir toda la Ley (Galatas 3.23-25; Romanos 10.4)

Sus palabras eran “las palabras de Dios” y como símbolo Moisés se cubría para que no que sujetasen su vista algo que era pasajero (Moisés no reflejaba la gloria de Dios en forma continua, si no que se iba disminuyendo). De esa misma forma la Ley con el tiempo iba a ser puesto a un lado, iba a ser cumplida (Ro 8.14). En general la verdad del evangelio estuvo velada en el Antiguo Pacto (1 P 1.10-11). A pesar de que inquirieron en buscar esa gloria no les fue revelada, porque por decisión divina la gloria del Antiguo pacto era temporal, era una gloria velada.

A pesar de que se mostraba, en forma de símbolo, la temporalidad de la ley, los judíos no lograron comprender esa gloria, por lo que su entendimiento fue endurecido o insensibilizado (v.14) y este endurecimiento dura hasta el día de hoy, mostrado en su incredulidad. Cuando se acercan a la lectura de la Ley, es como si les quedara ese mismo velo, ya que no pueden ver la verdad de que Cristo es reflejado en toda la ley y en todo el Antiguo Testamento (Lc 24:44, 47). En los mismo fariseos a pesar que estudiaban la Ley no veían a Cristo en ella a pesar que es a quien la Palabra apunta (Jn 5.39).

Pero ese velo que es quitado por Jesucristo, en quien hay libertad, quien es el autor y consumador del nuevo pacto (Lucas 22.20; Hebreos 9.15). El vino a manifestar este nuevo pacto y junto con eso mostrar también en forma "mas clara" la gloria del Padre (Jn 1.14). El antiguo Testamento es indescifrable sin la presencia de Cristo. Es en él que ese velo es quitado tal como lo profetizo Isaías (Is 25.6-8) Ese velo es quitado cuando el hombre se convierte a Cristo (v. 16) y de esa forma comprender la gloria de Cristo y como la ley nos conduce hacia él. Comprendemos que la ley nunca nos fue dada para que por medio de ella fuésemos salvos si no por guía para llegar al Salvador (Gá 3.24) 

Pablo muestra que el Ejecutor de este nuevo pacto era el espíritu Santo (2 Co 3.8). Pero como es revelado en la palabra Dios si bien es uno también es tres. Y El Espíritu también es el Señor (v.17), Y Jesucristo es el Mismo Dios del Antiguo Testamento, por tanto Él es el Señor de ambos pactos. Y como Señor de ambos es que en él se obtiene libertad: 

  • del pecado (Jn 8.32-36)
  • de los intentos humanos y sin sentidos de cumplir la ley para poder ser justificados delante de Dios (Ro 3.19-20). 

En Cristo es que el creyente ya nos esta bajo condenación (Ro 8.1) ya no esta bajo el dominio de Satanas.

Es por estas razones Pablo esta tan seguro y confiado en el nuevo pacto . Porque la gloria velada se manifestó tal como Dios lo prometió (Romanos 10.14 - fin (telos) significa conclusión o meta). El nuevo pacto es mejor que el primero. Y para Pablo el hecho que ellos se hayan convertido a Cristo los hace libre de cumplir la ley y les muestra también por medio de ellos que el mensaje  que Él les predico es el mensaje correcto, es el mensaje del evangelio de Jesucristo. Y esto sirve como sello de la realidad y verdad de su apostolado.

Pero existe una verdad más que los corintos debían tener presente y que hoy también nosotros debemos tener presente. Y es a la conclusión que Pablo llega luego de contratar la realidad de ambos pactos.

Ahora que el, con toda la iglesia de Corinto, podía mirar a cara descubierta, no como Moisés o los que endurecieron su entendimiento, tal como miramos a un espejo. Pablo no recalca aquí tanto las propiedades físicas del espejo para reflejar una imagen, sino a la intimidad de ese acercamiento. Una persona puede acercar un espejo a su cara y observar todo sin impedimento. 

Lo que hoy reflejamos (como los espejos de metal pulido en la antigüedad) no es una representación perfecta de la Gloria de Dios. Pero un día si lo vamos a reflejar completamente esa gloria (1 Co 13.12) Y eso ocurre porque el proceso continuo y progresivo de transformación que Dios comenzó no lo dejara inconcluso y lo completara (Fil 1.6). En la medida que nos vamos mirando en el espejo (en la gloria de Dios) vamos siendo santificados de un nivel al que sigue . 

En Romanos 12.2 la palabra, transformados, en griego corresponde al término “metamorfosis” que connota un cambio en la apariencia externa. Mateo emplea la misma palabra para describir la transfiguración (Mt. 17:2). Así como Cristo manifestó de forma breve y limitada su naturaleza interior divina y su gloria en la transfiguración, los cristianos deberían manifestar a través de su conducta externa que su naturaleza interior ha sido redimida, lo cual no se traduce en un acto único, sino en la actividad y práctica diarias (2 Co. 3:18; Ef. 5:18). Esa clase de transformación solo puede ocurrir a medida que el Espíritu Santo cambia nuestra manera de pensar mediante el estudio y la meditación constantes de las Escrituras (Sal. 119:11; Col. 1:28; 3:10, 16; Fil. 4:8). La mente renovada está saturada de y controlada por la Palabra de Dios para ser perfectos (2 Ti 3:16-17)

Mientras más crezcamos en el conocimiento de Dios más debemos reflejar la vida de Cristo en Nosotros (Fil. 3:12–14). Y es la imagen de Cristo nuestro molde al que debemos asimilarnos. La meta máxima del creyente es ser como Cristo (Ro 8.29;  1 Jn. 3:2)

Los corintos podían ver la transformación de sus vidas y eso se transforma en el sello del apostolado de Pablo. Por eso Él los toma a ellos mismo como sus argumentos más sólidos de la veracidad de su apostolado, ya que ellos eran la muestra no solo a ellos mismos sino a todos los hombres (2 Co 3.2-3)

Hoy en día muchos tienen su velo puesto cada vez que un tema Bíblico es expuesto o conversado. Cada uno de quienes nos rodean tienen sus puntos de vista y sus propias opiniones. Si a eso agregamos que hoy muchos dicen ser cristianos y lo único que han logrado con sus palabras y acciones es denigrar el evangelio, tenemos un escenario en que nuestra conducta integra tiene una relevancia vital para tener validez en nuestros fundamentos.

Hoy nosotros comprendiendo que nos encontramos en un mejor pacto, que por misericordia de Dios podemos ser libres de la esclavitud del pecado y de los intentos religiosos de cumplir con normas para ser salvos, debemos ser transformados en el entendimiento (Ro 12:2) y de esa forma vivir la vida que es digna del evangelio para mostrar con nuestras acciones a quien predicamos.

Muchas veces se nos critica, se nos piden razones de nuestra fe o se nos cuestiona por la fe que decimos llevar. Y nosotros ahora comprendiendo la importancia del mensaje que hemos recibido, es que con mayor "franqueza" pregonar este mismo mensaje. Ya que este mensaje es la verdad que es "verdad", que es fiel, que es el mensaje que transforma el corazón. Es el único mensaje que tiene ese poder y que merece ser proclamado con la audacia que los demás tiene para exponer su "falsas verdades"

Se critica al mismo Cristo y a la misma biblia, pero hoy es la oportunidad y el deber (1 Ti 3.15), en Cristo,  igual que los corintios para Pablo, ser la carta de presentación de Cristo, ser la muestra de la veracidad de su mensaje, ser la carta de veracidad del evangelio por medio de la santidad de nuestras acciones (Ef 4.1)

NUESTRA VIDA PODRÍA LLEGAR A SER LA ÚNICA BIBLIA QUE ALGUNOS LEERÁN



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